lunes, 2 de marzo de 2015

Scham ihn überleben


Qué gusto ver tu rostro hecho pedazos.
Qué gusto y qué dolor verte podrida
como la flor que la memoria guarda núbil
pero hoy es un rescoldo maloliente.

Toda belleza está en llamas,
toda piel arde como el sol, como la rosa;
todo se apagará con el diluvio
llegado el día que a nosotros ya ha alcanzado.

Violaré tu cadáver,
para que no quede duda de que te amo hasta en la muerte.
Luego moriré, ahogado entre dos versos de Vallejo
y sólo nos sobrevivirá la vergüenza.

jueves, 11 de agosto de 2011

Laude por Eliseo Alberto

Eliseo Alberto
(1951-2011)

Hace unos minutos fui golpeado por esta tremenda noticia: Eliseo Alberto murió el domingo 31 de julio del presente. Mi primera reacción fue de incredulidad; tuve que consultar varias páginas de internet con la misma triste noticia para acabar de creerlo. Entonces me he puesto a llorar. Creo que por ningún otro escritor, ni siquiera por mis escritores favoritos, he sentido el mismo cariño que por Eliseo Alberto, Lichi para los amigos. Me quedará para siempre el deseo de volver a escucharlo, habrá una anécdota que ya no podré narrarle, una duda que ya no podrá despejar. Siempre pensé en escribirle, pero la indolencia se impuso. Quién se iba a imaginar que ibas a irte tan pronto tras de los tuyos, Lichi.
__Tiempo ha escribí un texto sobre aquel encuentro con Eliseo Alberto en 2005, lo he releído con nostalgia. Aquí está. Descansa en Paz, Lichi, amigo mío.

Mi amigo Lichi

Hará unos cuatro años que conocí a Eliseo Alberto. Recibí una invitación por parte de la Secretaría de Cultura del Estado para participar en un curso titulado "Carpintería de la narración" que el novelista cubano impartiría en el exConvento del Carmen. Llamé por teléfono y me informaron que no había ya cupo; unos días después, telefonaron ellos para decir que siempre sí, podía asistir si lo deseaba.

__El curso, pensado para un grupo de ocho o diez, terminó siendo impartido a veinte personas. O más bien no; no fue impartido, pues en lugar de eso Lichi nos compartió algo infinitamente más valioso. ¿A qué iban a servirnos un montón de consejos sobre escritura, algo para lo que se tiene el don o no se tiene y es imposible aprenderlo? Pasamos tres días escuchando de él anécdotas: de su vida en Cuba, de sus novelas, de otros escritores, de sus libros preferidos, de su padre, el poeta Eliseo Diego, miembro del mítico grupo Orígenes.

__El primer día, los ahí reunidos tuvimos que esperar cerca de una hora al escritor. Sucede que no había estado en nuestra ciudad desde que le fuera otorgado a su padre el premio Juan Rulfo y calculó mal el tiempo que le tomaría llegar de la casa de un amigo pintor que vive en nuestra ciudad hasta el centro. Muchos carros habían salido a las calles desde 1993.

__Hubo tiempo entonces de mirar a los demás miembros del grupo, de formarse prejuicios sobre ellos y establecer complicidades tácitas. Estaban ahí ciertos arquetipos imprescindibles: la mujer madura y adinerada que aspira a la poesía en sus frecuentes ratos de ocio; el hombre maduro que va no por consejos, sino por halagos para su obra; el homosexual desinhibido para quien todo lugar es un sitio festivo; la chica sin pelos en la lengua dispuesta a dejar saber de inmediato que no está de acuerdo con nada; la chica bonita y talentosa que deslumbra tanto por su belleza como por su creatividad.

__Llegó por fin aquel hombre colosal; Colosal por su altura cercana a los dos metros, por su peso que aún siendo tan alto lo hace verse redondo y suave, por la gran tristeza que reflejaba su mirada y asomaba de continuo en su boca, en la mueca que se dibujaba en ésta cuando se distraía, en las sequedad de sus labios. Hacía más de una década que su padre había muerto, pero él aún cargaba con todo el dolor de esa pérdida. Venía también a la ciudad a presentar el primer capítulo de una novela que, afirmó, no publicaría nunca. La novela que su padre no pudo escribir. Ése primer capítulo era, más bien, como una introducción, en la cual Lichi nos compartió la agonía de Eliseo Diego, sus momentos finales. Se ha dicho siempre que no hay dolor más grande que el que sufre un padre que sobrevive a uno de sus hijos; lo natural, dicen, es que los viejos mueran primero. Creo yo que lo antinatural es que un hijo sobreviva a sus padres: ellos estaban aquí antes que nosotros; estuvieron siempre, en cada momento de nuestra vida; el mundo sin ellos no puede ser un mundo asimilable.

__Eso era lo que Eliseo Alberto nos comunicó la última de esas tardes: cómo el poeta transido, de un horror metafísico, salió desnudo de su cuarto, mostrando a la familia entera su miembro, "su pinga vieja, mi hacedora". Ni Philip Roth en su también terrible Patrimonio logra una imagen tan sobrecogedora como ésa.

__Nos habló también de la que era entonces su última novela, Esther en alguna parte, la cual narra las peripecias de un actor de teatro con mil nombres que busca a una mujer que conoció en su juventud. Este rocambolesco personaje conoce a un viudo que se ha dejado vivir durante casi medio siglo, desde que su mujer se suicidara. La mitad de la novela se le iba en explicar cómo este par de viejos se hacían amigos. Desechó toda esa parte haciendo decir al actor teatral que "también existen las amistades a primera vista".

__Nos habló de como en un principio había decidido no hacer mención alguna a la Revolución en esta novela, pero dándose cuenta que en ella tampoco mencionaría la palabra "murciélago" y nadie pensaría en ello, decidió mencionar, como de pasada, que en el Granma que el viudo utiliza para hacerse un pañal, aparecían en primera plana los festejos por los cincuenta años de la Revolución.

__Nos habló de Moby Dick, una de sus obras favoritas, de como ese libro misterioso es consultado por algunas personas como la Biblia, abriendo una página al azar en busca de consejo.

__Nos habló de Fernando Vallejo, quien, aseguró, compra todos esos muebles kitsch que exhiben en el Palacio de Hierro. Nos habló de El desbarrancadero, narrándonos una estremecedora escena que no aparece en la novela, no sé si debido a la censura, a que la leyó en otra parte y creyó haberlo hecho en esta obra o porque sencillamente la inventó en ese momento. Dijo que en la novela, el hermano del narrador, un homosexual en trance de muerte, le pide a éste su última voluntad: que le permita "mamarle la verga". El hermano, lleno de amor filial, se lo permite.

__Nos habló de un pícaro de una prisión cubana, quien en un concurso de poesía que se realizó en la prisión presentó un poemario de Eliseo Diego. Ganó el concurso sin que ninguno de los jueces se enterara. Por ganar el premio dieron algo a su familia y sus hijos, orgullosos, acudieron a la cárcel para la premiación. No recuerdo la manera en que Eliseo Diego se enteró de todo esto y acudió también a la ceremonia, al final de la cual se presentó ante el plagiario. Éste, visiblemente entristecido, pidió al poeta que no lo delatara frente a sus hijos. El poeta, conmovido, no lo hizo.

__Nos habló de Lezama Lima, de su gordura, mansedad y apetito proverbiales, de su catolicismo personalísimo. Cierta vez, nos dijo, ya en los últimos años en que Lezama Lima prefería no salir de su casa, fue invitado por unos amigos a dar una conferencia sobre José Martí. Para convencerlo, le prometieron llevarlo a cenar pizza. ¿Quién podría rechazar esa oferta? Lezama Lima se presentó ante el público, colocó frente a sus ojos un hato de hojas que llevaba bajo el brazo y dijo: "Martí, Martí es un misterio que nos acompaña".  Tal fue el contenido del discurso. Ahora el buen Lezama Lima descansa bajo una lápida que reza: "Nacer en este mundo es una fiesta innombrable".

__Nos habló de un escritor del que -Dios me perdone- he olvidado el nombre y que escribió una de las mejores novelas cubanas del siglo, pero que, por desgracia, sufría de problemas mentales, lo que lo condenó al ostracismo dentro de la isla. Salió de Cuba durante el Éxodo de Mariel para morir totalmente loco en un manicomio de Miami. Cuando Eliseo Alberto ganó el premio Alfaguara por Caracol Beach, trató de gestionar la publicación de esta novela; naturalmente, nadie le hizo caso. Un escritor enloquecido y muerto no tenía nada que hacer en el catálogo de "La firma de los mejores autores".

__Esto y muchas cosas más nos contó Lichi aquellos días. Lamento mi porosa memoria, lamento mi desorganización que me hace temer que las notas tomadas esos días se encuentren hoy en un vaciadero o formando parte de algún producto reciclado -como nada se crea ni se destruye, todo lo que perdemos sigue rodando por el mundo.

__Antes de esos días no tenía idea de quién era Eliseo Alberto. Leí entonces un par de novelas suyas: La eternidad por fin comienza un lunes y Esther en alguna parte, está última más mesurada, más personal, menos Macondina. Mucho más encantado quedé con su autobiografía Informe contra mí mismo, en el cual de manera honesta enjuicia la Revolución Cubana, da cuenta de su aciertos y sus errores, todo esto utilizando técnicas literarias admirables, como en el último capítulo que es como una marea o una rumba, que va y viene, que repite los sonidos claves para que sea bailable.

__El último día, terminada la lectura del capítulo de la novela de su padre, surgió la idea de tomar un café con el escritor. Habiendo tantos magníficos cafés por la zona, todo habría quedado excelente, pero los funcionarios de la Secretaría de Cultura se empeñaron en llevarlo a un restaurante de lujo por las cercanías de Chapultepec, al fin que el erario paga. Ni yo ni mi amigo Víctor, que no había asistido al curso pero sí a la lectura del capítulo, contábamos con fondos para asistir a un lugar así; es más, no teníamos suficientes fondos para comprar un libro de Eliseo Alberto, cosa que a Víctor, apasionado coleccionista de libros dedicados, le causaba mucha pena.

__De súbito recordé que en mi tarjeta de débito le quedaban unos cincuenta pesos. Así, nos lanzamos a toda prisa hacia la librería Gandhi, donde conseguimos un ejemplar de La eternidad por fin comienza un lunes. Ése es un recuerdo grato, los dos amigos cruzando la ciudad a toda carrera con el temor de que Lichi hubiera partido ya. Por suerte, llegamos al restaurante y aún estaban ahí, él, los secretarios y otros miembros del grupo que sí podían costearse un lugar así.

__Nuestras ropas, obviamente, desentonaban; además íbamos sudorosos y sin aliento. Entramos así al local ante la mirada hostil del recepcionista y los meseros. Estando ahí no se nos ocurrió otra cosa que pasar de largo ante la mesa donde el escritor departía y encerrarnos en el baño. Es uno de los momentos más chuscos que recuerdo haber pasado. Estuvimos ahí algunos minutos, recuperando la compostura, secándonos el sudor y tragándonos el bochorno. Salimos, Víctor pidió el autógrafo a Lichi y al instante nos despedimos.

__Está de más aclarar que los funcionaruchos no nos invitaron a quedarnos.

__De entonces a ahora, guardo un cariño especial a este hombretón. Más que como escritor, como amigo. Es de esas personas de las que, como el personaje de su novela, puedes hacerte amigo a primera vista. Aunque él no lo sepa.